El latido que la tierra lanza bajo los pies del viajero en África se siente desde el momento en que se pisa por primera vez.

Es un latido poderoso, salvaje, ajeno a nuestras almas civilizadas y a la vez familiar a nuestras emociones primitivas.

Es la conciencia intuitiva del regreso a casa, al lugar al que se pertenece o del que se proviene.

Himbas, Masais, pigmeos o bosquimanos comprenden y sienten ese latido que transmite las cataratas Victoria, el Masai Mara, el Bosque Impenetrable de Bwindi o el cráter del Ngorongoro.

Bienvenidos. Esto es África.

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